miércoles, 26 de junio de 2013

LA MARCA ESPAÑA Y EL D.N.I. MÁS REPETIDO DEL PAÍS

   Como cada miércoles, hago una nueva entrada en este blog. Lo cierto es que me sorprende mucho que, de repente, la Marca España de la que tanto habla este gobierno, se ponga en entredicho por parte del Consejo de Estado. Vamos a ver, nadie es tonto. Todos sabíamos que eso de la Marca España era una chorrada inventada por Margallo a saber para qué, porque nadie ha sabido, de más de cuarenta millones de habitantes que tiene España, que coño es eso de la Marca España. Pues bien, el Consejo de Estado nos da la razón a todos nosotros diciendo que Marca España no es nada, sólo el invento para llenar orejas en el exterior de nuestro país. Pues nada, enhorabuena al Gobierno por otra chorrada más, por otro engaño más.
   ¿Y cómo no voy a hablar del famoso D.N.I. de la Infantita? El descaro de la mentira del Ministro de Hacienda lo único que va a alimentar es la provocación constante a una sociedad ya en niveles peligrosos de hartazgo. ¿A quién le va a extrañar cuando la gente se subleve? ¿Cuánto más tiene que soportar la sociedad? ¿Quién cree en errores después de tantas mentiras? La Infanta no vendió ese número de propiedades entre 2005 y 2006 pero, ¿quién no se pregunta estos días si lo hicieron las personas que comparten número de D.N.I. con la Infanta? Nadie desde hacienda, ni Montoro, ha dado una explicación decente de lo que ha ocurrido, así que seguiremos pensando que la Infanta no puede ser imputada. No y punto. Hacienda echa la culpa a los notarios, y éstos se quedan con la cara blanca de sorpresa. No hay quien se crea esto. Huele a chanchullo, como todo lo referente a la Infanta y su familia, que se han enriquecido a costa de todos los españoles. Y mientras, Urdangarín jugándose miles de euros en un casino de Londres. El empobrecido de forma injusta.
   No puedo dejar de mandar, de nuevo y sin cansarme, todas mis fuerzas a Nelson Mandela, un ejemplo político del que deberían aprender todos estos malversadores, ladrones, hipócritas y un largo etcétera de calificativos que ocuparían demasiado espacio.
¡Viva Madiba!